viernes 4 de junio de 2010

Mary Laporte, Walter Freeman y las lobotomías.

La madre de Mary Laporte, Janine, tuvo con anterioridad a la que con el tiempo sería la amante de Hans Barley otro hijo. Un niño al que llamó Richard. El padre, que pronto se desentendió de su familia, legó -al parecer de Janine- su carácter insoportable y patológico al pequeño Richard, el cual, más que una enfermedad mental, padecía de una notoria falta de atención.
El niño, de 4 años, reclamaba la atención de su madre de la única forma que conocía: el llanto y la rabieta contínua.
Y la madre despechada acabó por desarrollar por el pequeño unos sentimientos muy poco maternales. Lo llevó al psiquiatra, y desgraciadamente éste era el recién llegado de Nueva York Walter Freeman. El Dr. Walter Freeman. El Lobotomista.

Archivo:Dr-walter-freeman-lobotomist.jpg

Inspirado por las teorías y prácticas de psico-cirugía del neurólogo portugués Egas Moniz, que durante muchos años gozaron de gran prestigio en el ámbito de la psiquiatría, el neurólogo y psiquiatra Walter Freeman desarrolló junto a su colega James W. Watts, un método standard de lobotomía prefrontal, refinando los procedimientos que se utilizaban hasta el momento para la intervención directa en el cerebro de los pacientes que pretendía cortocircuitar la conectividad de ciertos grupos celulares a los que se culpaba de las conductas aberrantes de los pacientes.
Estas "conductas" abarcaban desde depresiones en adultos hasta problemas puramente pediátricos.
Ese método standard, que fue usado ampliamente, aún necesitaba de una cirugía que abriese algunos agujeros en el cráneo de los pacientes, lo que hacía preciso que fuera realizada por neurocirujanos en salas esterilizadas. Pero Walter Freeman era un visionario que pretendía llevar la práctica de la lobotomía a todos aquellos hospitales que no podían permitirse la manutención y el control de tantos enfermos como entonces llenaban los hospitales. Por ello, inspirado en los trabajos del italiano Amarro Fiamberti, comenzó a efectuar operaciones de lobotomía introduciendo instrumentos punzantes a través de la cuenca ocular, entre los párpados y los globos oculares y hasta el tejido cerebral.
Este método fué llamado "Lobotomía transorbital". Era relativamente sencillo, rápido, económico y no precisaba de expertos cirujanos. Tuvo una cálida acogida entre los directores de psiquiátricos de los Estados Unidos.
Su colega Watts acusó entonces a Freeman de convertir la neurocirugía en una "cuestión burocrática" y abandonó su sociedad.
La lobotomía se practicaba como una medida terapéutica en casi todo el mundo occidental: Gran Bretaña, Países Nórdicos, Bélgica, Francia, España...
Entre la primera operación de Lobotomía Transorbital realizada en EEUU en el 1940 y el año 1951, cerca de 18.000 personas de todas las clases sociales, sexos, edades y razas fueron lobotomizadas siguiendo los métodos de Freeman.

Ciertos accidentes, ciertas personalidades incapacitadas por la lobotomía -por ejemplo, Rosemary Kennedy, hermana de John F. Kennedy; por ejemplo Rose, la hermana mayor de Tennesee William - el descrédito progresivo de las teorías sobre la lobotomización, los efectos secundarios aberrantes de la destrucción del tejido cerebral y la introducción de los primeros antidepresivos causaron la caída en desgracia de Walter Freeman en los círculos médicos de la Costa Este de los EEUU.
Hora era llegada entonces para Freeman de migrar a la Costa Oeste, donde El Lobotomista continuó su actividad, incluyendo intervenciones a niños de 4 años.
Uno de los cuales fue Richard Laporte, que tras la cirugía se portó mejor, mucho mejor.
Claro que nunca fue el que podía haber sido.
Mary Laporte conoció esta circunstancia en 1982. Eso hizo cambiar su actitud hacia su hermano -a quien siempre había considerado un inútil- y de rebote, hacia su madre, a la que nunca perdonó haberle hecho eso a su propio hijo. Por aquel entonces, de todas formas, su madre estaba más preocupada en buscar la forma de conseguir todo el alcohol que necesitaba.
Un día, la joven y despierta Mary Laporte cogió sus escasas pertenencias -entre las que figuraba toda la ropa con la que entonces quería imitar la estética de Madonna- las metió en una mochila y, junto a su hermano, abandonó la caravana donde su madre dormía la mona, ajena a todo.
El resto de su historia, hasta encontrar a Hans Barley, es una historia de supervivencia en la que no podemos detenernos ahora.

Mary Laporte también sobrevivió al episodio en alta mar junto a su compañero sentimental Hans. Abandonó el barco a la deriva en que se había convertido la vida junto a él en cuanto llegaron a puerto. Allí Hans fue detenido por la muerte de Frank, el compinche de Claude Woodland.

Durante un tiempo Mary no supo nada de su hermano, escondido en albergues o viviendo en la calle, atemorizado por su terrible experiencia en el restaurante Cuminetti. Finalmente lo reencuentra y emplea en la tienda de tatuajes que Mary había abierto en Los Ángeles.
La noticia de la muerte en la cárcel de Hans a manos de un convicto -ambos ojos atravesados por un arma fabricada con una cuchara- coincide milagrosamente en el tiempo con la noticia del fallecimiento de su madre, Janine. Encontrada muerta en la caravana donde aún vivía y a la que todavía conseguía arrastrar algún ocasional cliente que pagaba su trasiego constante de alcohol, el cadáver de Janine apareció casi completamente quemado, en lo que la policía científica definió como un caso paradigmático de "efecto mecha".
Mary decidió hacerse un tatuaje alegórico de ambas muertes. Pronto tuvo que hacerse uno más cuando su hermano, víctima de las lobotomías del dr. Freeman y sobreviviente del episodio del restaurante Cuminetti murió atropellado por un coche que, casualmente, conducía Claude Woodland.